¿Por qué muchas familias con grandes necesidades tienen antenas parabólicas, consolas de videojuegos, ropas de marca y coches de cierto lujo? Primero, porque son víctimas de la sociedad de consumo en la que tener para aparentar ser es más importante que ser. Segundo, porque son las presas más sensibles de las campañas de marketing que les hacen creer que la felicidad se encuentra en poseer lo que otros tienen. Y tercero, porque las necesidades básicas han sido superadas con creces por las necesidades superfluas.
Aunque es en estas familias donde la paradoja es mayor, el consumismo es la nueva plaga que afecta a todos los niveles sociales. Estamos inmersos en un sistema económico basado en el consumismo y éste, a su vez, en la infelicidad. De hecho, existen estudios que establecen que cuanto menor es la autoestima más se consume y viceversa. Quizás, para intentar parar esta vorágine, debemos hacernos cada uno esta pregunta: ¿consumo lo que necesito o necesito consumir?
